La sexta prueba disputada en Loudenvielle-Peyragudes (Francia) estuvo marcada por la climatología e impidió al madrileño mostrar su mejor versión


Mucha moral cogió Daniel Castellanos tras su rendimiento siete días antes en los Mundiales de Andorra, los primeros que disputaba en categoría absoluta. Su temporada está siendo de aúpa y ese resultado lo corroboraba, pero el madrileño no baja nunca la guardia, y este pasado fin de semana se desplazó a suelo francés para disputar la 6ª puntuable de las UCI World Series de DHI en Loudenvielle-Peyragudes, una cita ya conocida por él.

“Acudí con muchas ganas después de lo bien que me salió el Mundial de Andorra -explica-. El circuito me gustaba bastante, el año pasado corrí allí pero sin poder disputar la final, que fue suspendida por las malas condiciones meteorológicas”.

Pues precisamente el mal tiempo volvió a darse, con la lluvia haciendo acto de presencia sobre un terreno que se embarraba muy rápido pero, al mismo tiempo, secando también bastante rápido. Los entrenos oficiales del viernes solo pudieron celebrarse en sesión matutina, ya que los de la tarde quedaron suspendidos por motivos obvios. Ya el sábado por la mañana al menos pudo hacer tres bajadas antes de la calificación.

“Fue un fin de semana raro, ya que casi no entrenamos en serio y sin saber las condiciones en las que iba a estar la pista a la hora de disputar la calificación –lamenta-, estando obligados a estar a tope en poco tiempo de preparación. En los entrenos del sábado no me sentí cómodo en el barro, aunque para la hora de la prueba ya fue secando bastante el terreno”.

El sábado por la tarde arrancó esa sesión de calificación, que se hizo más exigente al suprimirse las semifinales, por lo que de los 136 inscritos solo los 30 primeros pasarían directamente a la final del domingo. Finalmente, Dani marcó un tiempo de 3:49.573, a 14” del mejor crono marcado por el francés Loic Bruni y a 5” del corte, ocupando el puesto 62º, por lo que no pudo acceder a una final de la Copa del Mundo por tercera vez consecutiva.

“En la calificación bajé con muchas ganas, la bajada no me disgustó pero sí que es verdad que era difícil prever cómo iba a estar el terreno, es decir, cuánto había secado, qué zonas agarraban y en cuáles no debías confiarte, yendo más reservado de lo que hubiera deseado”, reconoce. “Además, tuve unos pocos fallos que me dejaron sin posibilidad alguna de estar en la final”.

“En resumen, no estoy contento de cómo bajé, pero sí de mi constancia, de seguir llegando abajo sin sufrir problemas mecánicos ni caídas, y poder siempre sacar conclusiones de mis resultados comparados con los de mis rivales”, concluye.

Ahora toca descansar y en dos semanas viajar a Norteamérica a cerrar la temporada, con una primera carrera en la Copa de Estados Unidos de descenso, para culminar la Copa del Mundo en Mont Saint-Anne (Canadá), con su 7ª y última puntuable.